Flores de comercio justo en San Valentín

rosas invernadero

Como cada año, cuando se acerca el 14 de febrero, la tradición acaba imponiéndose y miles de enamorados se lanzan a la búsqueda de un regalo para su pareja, que en muchas ocasiones acaba materializándose en un ramo de flores.

Algo tan bello y simple también tiene grandes repercusiones a nivel social, económico y medioambiental. Si queremos aplicar los principios de un consumo responsable en nuestras vidas, es importante que seamos conscientes del origen y modo de producción de las flores que compremos, eligiendo que no provengan de la explotación laboral ni que inunden el medio ambiente de más pesticidas innecesarios.

 

Un buen porcentaje de las flores de corte se producen en países en desarrollo como Kenia, Colombia y Ecuador. Colombia es el segundo productor mundial de flores, por detrás de Holanda, aunque se usa el doble de agroquímicos por hectárea en Colombia que en Holanda. Los empleos en la industria floral se caracterizan por unas precarias condiciones laborales, bajos salarios, jornadas abusivas, corta duración de los contratos e inexistencia de sindicatos.

En Kenia, por ejemplo, a los trabajadores se les paga menos de 1 dólar al día para jornadas de 8 a 12 horas. Además, los trabajadores a menudo ponen en riesgo su salud, al tener que  manejar productos químicos peligrosos como pesticidas, sin equipo de protección adecuado. Es necesario visibilizar el aspecto de género en esta industria, pues un gran porcentaje de los trabajadores son mujeres que están sometidas a escandalosas prácticas, como la toma de pruebas de embarazo o la obligación de mostrar una prueba de esterilización como condición para ser contratadas y prevenir así que las empresas deban pagar maternidad. Según informes de investigación de la Corporación Cactus y de expertos del Instituto de Investigaciones Médicas de Kenia,  dos tercios de las trabajadoras de este sector padecen problemas asociados a la exposición a los pesticidas, que incluyen un importante porcentaje de abortos espontáneos, malformaciones congénitas, problemas hepáticos, complicaciones respiratorias y cáncer.

Es bueno saber que sí hay opciones, cooperativas y empresas que sí respetan a las mujeres que las cultivan, garantizando salarios dignos, buenas condiciones de trabajo y que no se utiliza trabajo infantil. En una plantación de flores de Kenia, Harvest Limited´s Athi River,  se producen 35 millones de rosas anualmente. Ahora está prosperando gracias a la  certificación de comercio justo, que ha ayudado a aumentar las ventas de la cosecha en un 30% y la productividad,  pero lo más importante es que los productores han puesto en marcha un plan de desarrollo para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y su comunidad a través de la Prima Fairtrade. Los trabajadores decidieron invertir parte de la Prima en educación y un 50% de los productores ya se han beneficiado de las becas para sus hijos. Además, se dedica parte de la Prima a proyectos medioambientales en su comunidad, tales como la plantación de árboles. La reforestación previene la erosión del suelo, conserva la zona de captación de agua y mejora el ecosistema local. Mientras que la zona adjunta es seca, el cultivo de flores está rodeado de mucha vegetación, flores y árboles, como resultado de los esfuerzos de conservación de los productores.

En Gran Bretaña Interflora ya comercializa flores con sello de Comercio Justo y en nuestro país se han lanzado varias campañas para seguir ese ejemplo e ir creando conciencia, como la campaña #FloresJustas o #Rosessenseespines. Ahora queda mucho trabajo de sensibilización y difusión para lograr que cada vez más empresas apuesten por este tipo de comercio más equitativo y respetuoso con la naturaleza.

 

 

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About the author
Hola! me llamo Elsa y soy bióloga especialista en Bioquímica y Biología Molecular. Me gusta caminar por la Tierra como lo haría por el vientre de mi madre, con infinito respeto y amor. Soy una apasionada de la fitoterapia y aromaterapia, la bioconstrucción, la agricultura ecológica, las energías renovables y los movimientos sociales que luchan por un mundo más justo. Intento vivir una vida más sostenible mientras sueño con la autosuficiencia alimentaria y energética, aunque soy consciente de que mi huella aún es grande. Actualmente compatibilizo mi labor en Opción Bio con mi pasión por la salud y la cosmética ecológica en Alter Eco (www.altereco.es) Podéis contactar conmigo aquí: elsa@opcionbio.es

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