Hacia una economía verde

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Mucho se ha hablado últimamente de “economía verde” y hay mucha polémica con el significado real del concepto porque depende de cómo se interprete. La economía verde bien entendida debe ser un modelo de economía que implica mejorar el bienestar del ser humano y la equidad social, a la vez que reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas.

Sin embargo, la interpretación que hacen gobiernos y multinacionales es muy distinta, ya que se apropian del término intentando mercantilizar la naturaleza y los recursos naturales comunes, tradicionalmente compartidos, haciendo que pasen a manos de unas pocas corporaciones con fines de lucro, separando el medio ambiente del desarrollo sostenible que incluye la reforma de los patrones de producción y consumo a través de las relaciones equitativas entre el Norte y el Sur.

Crisis de la economía imperante

Durante la última década sufrimos diferentes crisis de diversa índole, crisis climáticas, de combustible, de pérdida de biodiversidad, alimentarias, del agua y, finalmente, del sistema financiero y del conjunto de la economía.

Las causas son diversas, según el informeHacia una economía verde” del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente 2011, estas crisis tienen mucho que ver con el hecho de que durante las dos últimas décadas, una gran cantidad de capital se destinó a propiedades, combustibles fósiles y ciertos activos financieros pero se invirtió muy poco en energías renovables, eficiencia energética, transporte público, agricultura sostenible, protección de los ecosistemas y de la diversidad biológica, y conservación del suelo y el agua.

Se tiene cada vez mayor evidencia de un camino a seguir, de un nuevo paradigma económico en el que la riqueza material no se ha de obtener a expensas del incremento de los riesgos ambientales, las escaseces ecológicas o las disparidades sociales.

La economía verde real no se identifica ni favorece a una u otra corriente política, ya que es pertinente para todas las economías. Los gobiernos deben permitir que los productos más verdes compitan en igualdad de condiciones, retirando progresivamente los subsidios que se hayan quedado anticuados, reformando sus políticas y ofreciendo nuevos incentivos. Como ejemplo de esto, los subsidios a los precios y a la producción de los combustibles fósiles superaron los 650 mil millones de dólares en 2008, y este elevado grado de financiación pública afecta negativamente la transición hacia el uso de energías renovables.

Los indicadores económicos convencionales, tales como el PIB, ofrecen una imagen distorsionada del rendimiento económico, pues no reflejan el agotamiento del capital natural ocasionado por la producción y el consumo.

En el último cuarto de siglo la economía mundial se ha cuadriplicado, pero al mismo tiempo el 60% de los principales bienes y servicios de los ecosistemas del mundo, de los que depende el sustento del ser humano, se han degradado o utilizado de un modo insostenible.

Usar menos materias primas y energía

Existen numerosas pruebas de que la economía mundial todavía no ha explotado las oportunidades existentes para producir riqueza usando menos materias primas y recursos energéticos. Enverdecer el sector de la manufactura supone extender la vida útil de los productos, haciendo más hincapié en el rediseño, la re-manufactura y el reciclaje, que forman el núcleo de la manufactura en ciclo cerrado.

Desarrollo económico y mitigación de la pobreza

Una de las características fundamentales de la economía verde es que busca facilitar diversas oportunidades para el desarrollo económico y la mitigación de la pobreza sin dilapidar o erosionar los activos naturales de un país, a través de varias estrategias:

-Agricultura: Enverdecer el sector de las pequeñas explotaciones agrícolas, mediante la promoción y difusión de prácticas sostenibles, podría ser la manera más eficaz de facilitar acceso a los alimentos a las personas más desfavorecidas y que sufren hambre, reducir la pobreza, incrementar el secuestro de carbono y facilitar el acceso a los mercados internacionales de los productos verdes.

-Acceso al agua y saneamiento: En muchos países en desarrollo, una de las mejores maneras de acelerar la transición a una economía verde es invertir en el suministro de agua limpia y servicios de saneamiento para los ciudadanos pobres.

-Energías renovables: Entre las soluciones más rentables se encuentran la biomasa limpia y la energía solar fotovoltaica no conectada a la red, que ofrecen costos de operación reducidos y flexibles y la posibilidad de utilizarlas a pequeña escala.

Un escenario de inversión verde del 2% del PIB mundial posibilitaría un crecimiento a largo plazo durante el periodo 2011-2050 al menos tan elevado como el que cabe esperar, siendo optimistas, con el modelo actual. Además, se evitarían riesgos considerables como los efectos del cambio climático, la escasez de agua y la pérdida de servicios de los ecosistemas.

 

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About the author
Hola! me llamo Elsa y soy bióloga especialista en Bioquímica y Biología Molecular. Me gusta caminar por la Tierra como lo haría por el vientre de mi madre, con infinito respeto y amor. Soy una apasionada de la fitoterapia y aromaterapia, la bioconstrucción, la agricultura ecológica, las energías renovables y los movimientos sociales que luchan por un mundo más justo. Intento vivir una vida más sostenible mientras sueño con la autosuficiencia alimentaria y energética, aunque soy consciente de que mi huella aún es grande. Actualmente compatibilizo mi labor en Opción Bio con mi pasión por la salud y la cosmética ecológica en Alter Eco (www.altereco.es) Podéis contactar conmigo aquí: elsa@opcionbio.es

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