Es importante utilizar para el aseo diario un producto que agreda lo mínimo posible al manto hidrolipídico (ligeramente ácido con función protectora natural) que posee nuestra piel. Otro factor saludable a considerar es lavarnos con suavidad y con la cantidad mínima efectiva, ya que espuma no es sinónimo de limpieza.
La elección más común, un gel de ducha convencional, es un cóctel de compuestos químicos que nuestra piel no necesita. Son añadidos para conseguir espuma, determinadas texturas, olores, colores, para conservar… (ver post parabenes), etc.. Suelen llevar en su composición aceite de parafina (paraffinum liquidum), derivado del petróleo muy usado en cosmética que aporta una “falsa suavidad”.












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